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El dictado de Daniel

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Esta tarde de viernes fue muy inusual para mí. Fue inusual porque, ya sabes, es fácil adquirir malos hábitos: pensé que recibiría un trato especial de tu parte. Como si fuera una elegida. Pero no. Me pusiste con los demás, con todos los demás, y lo único que vi fueron nalgas de hombres frente a mí, y me vi a mí misma como ellos, a cuatro patas y desnuda, con las manos en la cabeza, y nada de ti que me hubiera dado alguna señal…

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