Aún tan impresionada como siempre por la Señora Mademoiselle Calamity, me encuentro una vez más completamente desnuda ante la carcelera más espléndida y hermosa que conozco. Prisionera de su dominación, de su poder que me desestabiliza y me deja a su merced cada vez que la Señora Mademoiselle me obliga a mirarla, para que sienta, ante su esplendor, que no soy más que un objeto insignificante. Esta vez, la Señora Mademoiselle Calamity, como de costumbre, ha preparado cuidadosamente su escenario y su trampa. Después de ponerme el collar y…
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